La Iglesia Parroquial de Santo Domingo de Silos es uno de los templos más singulares de la Alcarria, un edificio que lleva en su piedra la memoria de siglos. Su construcción, iniciada a finales del XV, quedó inacabada, lo que hoy le otorga un magnetismo casi romántico: muros que apuntan al cielo, contrafuertes góticos, ventanales que jamás se cerraron y un presbiterio abierto a la luz. La portada sur, obra maestra del gótico isabelino, despliega cardinas, roleos, animales fantásticos y los escudos de los Reyes Católicos y la Orden de Calatrava, recordándonos la importancia histórica del lugar.
En el interior, las tres naves muestran una estética más sobria, mientras que las capillas laterales góticas conservan su bóveda de crucería original. En la sacristía se custodian piezas destacadas: el Cristo de la Buena Muerte, talla gótica del siglo XIV; un delicado Niño Jesús barroco y una pila bautismal plateresca del XVI. Pero la joya más reciente del templo y también la más querida por el pueblo es su retablo barroco, cuya historia de recuperación se ha convertido ya en parte de la identidad de Almonacid.
Este retablo del siglo XVII, de madera de pino de Soria y completamente dorado, es la única obra original de época que conserva la villa. Antiguamente se encontraba en el Convento de la Concepción, y su traslado a la parroquia reveló su alarmante deterioro. En 2023 comenzó un proceso de restauración que unió a vecinos, instituciones y hermandades como pocas veces antes: la Hermandad de Nuestra Señora de los Desamparados, el Ayuntamiento, la sociedad civil, ADASUR y la propia diócesis impulsaron un proyecto que pronto se convirtió en un símbolo de orgullo colectivo.
El joven restaurador Álvaro Sarmiento dedicó meses de trabajo minucioso a recomponer sus diecinueve piezas, asentando dorados, recuperando volúmenes y frenando un deterioro de décadas. Su labor devolvió el brillo al exquisito guadamecí que decora sus cajas y a la magnífica mesa rococó del XVIII que lo acompaña. El ático, que había perdido su pintura original, fue completado con un lienzo contemporáneo del artista comarcal Miguel Zorita, inspirado en el estilo de Maíno y en la devoción a la Virgen de los Desamparados.
La inauguración de la restauración se vivió como un auténtico acontecimiento: la iglesia llena, la música elevando la ceremonia y un ambiente de alegría que trascendía lo artístico. Hoy, al recorrer la parroquia, el visitante encuentra en este retablo un latido nuevo dentro del viejo templo. Una obra que habla del pasado, sí, pero también del presente: de la devoción, del esfuerzo compartido y de la belleza recuperada para las generaciones que vendrán.

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